La herencia recibida en materia energética y cambio climático

Ana Barreira, Directora de IIDMA

Tras su reciente toma de posesión, a la Ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, le espera una ardua tarea en su cartera a la luz de la herencia recibida de sus anteriores homólogos.

El camino no va a ser fácil. La próxima semana Teresa Ribera participará en el Consejo de Energía en el que presentará, como ya han anunciado, una posición ambiciosa en las negociaciones de la recta final del paquete de energía limpia. Sobre la mesa de negociación están una serie de instrumentos normativos como las Directivas de Energía Renovable y de Eficiencia Energética y el Reglamento de Gobernanza, entre otros.

Si bien, habitualmente, hasta que no entran en vigor las Directivas o Reglamentos no es necesario llevar a cabo acciones de transposición y/o de aplicación en el caso del Reglamento de Gobernanza no sucede así y era necesario comenzar el trabajo de aplicación del mismo, cosa que no ha hecho el anterior Ministro de Energía. Esto se debe a que uno de los pilares fundamentales de ese Reglamento, los denominados planes nacionales integrados de energía y clima (PNEC) ya se previeron como pilar de la gobernanza de la Unión de la Energía. En noviembre de 2015, la Comisión Europea ya adoptó unas orientaciones dirigidas a los Estados miembros sobre los PNEC.

Estos planes de carácter decenal, el primero debe abarcar el período 2021-2030, aúnan las políticas de energía y cambio climático, incluyendo su mitigación y la adaptación al mismo, y las herramientas para gestionar la transición energética. Los planes deben integrar las cinco dimensiones de la Unión de la Energía:

  1. Seguridad energética
  2. Mercado interior de la energía
  3. Eficiencia energética
  4. Descarbonización
  5. Investigación, innovación y competitividad

 

En cumplimiento de esta exigencia, varios países de la UE ya han aprobado los suyos como es el caso de Alemania, Francia o Italia. Otros están a punto de finalizarlo como Austria o Suecia.

El futuro PNEC de España servirá para lograr los objetivos que trace la futura Ley de Cambio Climático y Transición Energética que no presentó el anterior gobierno, a pesar de su compromiso anunciado durante la Cumbre de París. Sin un PNEC esa Ley es nada.

Los PNEC deben presentarse bien en Septiembre o Diciembre de este año. Todo dependerá de lo que se decida en el trílogo del próximo 19 de junio. Pero, atención, estamos hablando de un plan en materia de energía y, por tanto, debe someterse a una evaluación estratégica como requiere la Ley 21/2013, de 9 de diciembre, de evaluación ambiental. Además, siguiendo lo estipulado en el Convenio de Aarhus, dicha Ley y el propio Reglamento de Gobernanza también requieren que el PNEC se someta a un proceso de consulta pública. Estos procedimientos de consulta llevan su tiempo. No se desarrollan de un día para otro.

Este es un ejemplo de la herencia recibida y, como postula el principio de equidad, que forma parte del desarrollo sostenible, estamos ante un caso flagrante de inequidad.

No hay certeza de que este ejecutivo pueda gobernar dos años.  Pero, ante la incertidumbre aplica el principio de precaución. Por tanto, hay que ponerse manos a la obra desde ya. El camino no se presenta fácil, pero no por ello debe ser una misión imposible.



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