IIDMA felicita a Iberdrola por su decisión de cerrar sus centrales térmicas de carbón en España

Central térmica de Velilla. Foto EFE.

 

Después de muchos años de trabajo  para impulsar la transición enegética en España, es una satisfacción  conocer que  Iberdrola ha anunciado el cierre de sus centrales térmicas de carbón en España, y las últimas que esta empresa posee en todo el mundo, que en total suponen 874 MW,  y además lo hará recolocando al 100% de su plantilla, 174 empleados. Las plantas que Iberdrola mantiene abiertas en nuestro país son Lada, en Asturias, y Velilla, en Palencia. Ambas centrales usan sobre todo carbón de importación, lo que reduce el impacto del cierre en las cuencas mineras.

Iberdrola ha solicitado al Ministerio de Energía el permiso necesario para poder cerrar las plantas, ya que precisa consentimiento administrativo para hacerlo. Este permiso lo obtendrá tras la evaluación por parte de Red Eléctrica Española, la empresa con participación pública que gestiona la operación del sistema, que debe determinar si el cierre de las centrales influiría en la seguridad de suministro o en la factura eléctrica. El sistema eléctrico español cuenta con una sobrecapacidad de alrededor de un 30%, por lo que ésta no está amenazada.

La decisión tiene una gran trascendencia en la senda española de la transición energética y es coherente con los compromisos internacionales en materia de cambio climático que mantiene España, como el Acuerdo de París. Iberdrola ha anunciado en varias ocasiones su apuesta actual por las energías renovables y su compromiso con la reducción en un 50% de la intensidad de emisiones de CO2 en el año 2030, respecto a los niveles de 2007.

Es necesario recordar que, además de ser una de las principales fuentes de emisión de CO2, por lo que contribuye de forma muy negativa al cambio climático, la generación de energía a través del carbón tiene un impacto muy negativo para la salud. Según el reciente estudio de IIDMA “Un oscuro panorama” hay más de 700 muertes anuales en España relacionadas con el carbón, y los costes económicos derivados se cuantifican entre 880 y 1.667 millones de euros.

Esta es una buena noticia también en el marco de la COP 23 que se celebra estos días, donde se están debatiendo medidas de lucha contra el cambio climático, y en el contexto europeo, donde la descarbonización ocupa un lugar prioritario en esta lucha, como han demostrado diversas organizaciones miembros de la plataforma “Europe Beyond Coal” cuyo objetivo es acabar con las nocivas emisiones procedentes de esta actividad.

 

 



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